La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que México no está enviando más petróleo a Cuba de lo que históricamente se venía haciendo, pese a que el país se ha convertido en un proveedor clave para la isla. Durante su conferencia de prensa matutina, la mandataria subrayó que los suministros forman parte de acuerdos previos y de ayuda humanitaria, y que no existe un aumento extraordinario en los volúmenes enviados respecto a administraciones anteriores.

Contexto internacional y situación de Venezuela

La declaración de Sheinbaum se produce en medio de una fuerte crisis en Venezuela, cuya producción petrolera se ha desplomado y enfrenta un bloqueo de exportaciones impuesto por Estados Unidos. Tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, la capacidad de ese país para exportar crudo cayó drásticamente, debilitando su tradicional papel como suministrador principal de petróleo a Cuba. En ese escenario, México ha emergido como una fuente significativa de crudo para La Habana.

Cifras y datos recientes

Aunque el gobierno mexicano insiste en que no hay un aumento inusual de envíos, datos independientes muestran que México exportó a Cuba en 2025 un promedio de aproximadamente 12 284 barriles de crudo diario, lo que representó cerca del 44 % de las importaciones de petróleo de la isla caribeña, superando los volúmenes que históricamente enviaba Venezuela antes de la crisis. Este nivel de exportación significó un crecimiento cercano al 56 % respecto a 2024, según informes de análisis de mercado y seguimiento de embarques.

Qué significa esto

La afirmación de Sheinbaum busca aclarar que México mantiene una política de suministro energético a Cuba dentro de marcos contractuales y de asistencia humanitaria de largo plazo, sin que se rompa con los niveles previos. Sin embargo, los datos de exportación reflejan una presencia mucho más relevante de México en el mercado petrolero cubano, impulsada por las dificultades de Venezuela para sostener sus envíos. Esto sitúa a México en una posición estratégica distinta en la región energética caribeña, con implicaciones políticas ante la presión y sanciones de Estados Unidos, que ha observado con recelo el flujo de crudo hacia Cuba. 

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