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Fuera de cámara
Josué David MorGui
Luego de la salida de Luisa María Alcalde como presidenta de Morena, para ser relevada por Ariadna Montiel, quien salió de la Secretaría del Bienestar, nos queda claro algo: en Morena no hay democracia, al menos para elegir a su dirigencia. Me atrevo a decirlo.
Esta práctica no es nueva. Sucedió en 2024, cuando Alcalde Luján fue elegida, pues no hubo más candidatos. Esas sesiones de “elección” o “votación a mano alzada” por parte de los consejeros de Morena son simplemente un trámite y una ceremonia de ratificación.
Prácticas como estas son una clara señal de que Morena está perdiendo su esencia como partido democrático. Porque vayamos a la otra parte: con toda su corruptela, el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional sí tuvieron un proceso interno como tal, donde panistas y priistas votaron en una urna por quien sería su dirigente, esto como antesala para que “Alito” hiciera sus marranadas.
Vuelvo y repito: en los últimos dos procesos para renovar la dirigencia de Morena, no hubo ni hay democracia. No hubo más candidatos; solo fue imposición. ¿Impuestas por quién? No lo sé. Lo mismo pasó con la llegada de Luisa María y así será con la llegada de Ariadna.
¿Cuándo sí hubo democracia?
En el proceso de 2020, donde la fórmula de Citlalli Hernández y Mario Delgado, como secretaria general y presidente, salió victoriosa. Ahí, Mario Delgado le ganó con un 58.6 % frente al 41.4 % de Porfirio Muñoz Ledo. Democráticamente.
Delgado cumplió con su periodo de cuatro años y, en 2024, el proceso solo tuvo a una candidata: Luisa.
Espero, por el bien del país, que todos los partidos den el ejemplo de una auténtica democracia, esa con la que todos soñamos.