Por Argenis Esquipulas
En 2022, Chiapas se posicionó como la segunda entidad con mayor porcentaje de trabajo infantil en México, ocupando el primer lugar en labores peligrosas. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), esta prevalencia está estrechamente ligada a la falta de acceso a servicios básicos y seguridad social. En las regiones más apartadas, como la Selva Lacandona, la Sierra Madre y el Soconusco, los niños y niñas comienzan a trabajar desde los 5 o 6 años, muchas veces en condiciones de semiesclavitud.
Organizaciones como «Amigos Trabajando en los Cruceros» han documentado esta realidad, atendiendo a cientos de menores que limpian parabrisas o venden productos en los cruceros viales de Tuxtla Gutiérrez, Tapachula y San Cristóbal, y que a través de programas como «De la Calle a la Escuela» buscan reinserción educativa para evitar que regresen a esas dinámicas. Sin embargo, los operativos de rescate son insuficientes frente a la magnitud del problema.
En el campo chiapaneco, la situación es aún más grave. Cultivos como el café, el plátano, el mango y el chile, así como las plantaciones de palma africana y caña de azúcar, utilizan mano de obra infantil como una estrategia de reducción de costos. De acuerdo con datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), se estima que al menos 120 mil niños, niñas y adolescentes trabajan en el sector agrícola en Chiapas, muchos de ellos expuestos a agroquímicos altamente tóxicos, jornadas de más de 10 horas y sin acceso a agua potable ni servicios sanitarios.