La cosecha de café en la región cafetalera de Tapachula, Chiapas, enfrenta un cambio significativo en su dinámica laboral. Ante la escasez de trabajadores locales, productores han comenzado a contratar migrantes haitianos, cubanos y venezolanos para evitar que el grano se pierda en los cafetales.
Cafeticultores de la zona explican que, en los últimos años, cada vez menos jóvenes de comunidades rurales participan en las labores del campo, ya que muchos optan por migrar a otras ciudades del país o al extranjero en busca de mejores ingresos. Esta situación ha dejado a las fincas con un déficit de mano de obra en plena temporada de corte.
Para hacer frente al problema, los productores han recurrido a personas migrantes que permanecen en la región, muchas de ellas en espera de regularizar su situación migratoria o de continuar su camino hacia otros destinos. Estos trabajadores participan en actividades como la recolección del café, limpieza de parcelas y apoyo en los procesos posteriores a la cosecha.
Aunque varios de los migrantes no contaban con experiencia previa en el trabajo cafetalero, los productores señalan que su incorporación ha sido clave para sacar adelante la producción. Con capacitación básica y adaptación gradual, su trabajo ha permitido mantener activa una de las principales actividades económicas del Soconusco.
Para los migrantes, el empleo representa una fuente de ingresos temporal y una oportunidad de subsistencia, mientras definen su futuro en México. Para el sector cafetalero, su presencia se ha vuelto indispensable en un contexto donde la falta de trabajadores locales amenaza con generar pérdidas económicas.
Este escenario refleja un fenómeno más amplio en Chiapas, donde la migración interna y externa no solo transforma comunidades, sino también sectores productivos tradicionales como el café, que hoy dependen cada vez más de la fuerza laboral migrante para mantenerse en pie.